¿Os imagináis un lugar en el que todos los resturantes y comedores ofrecen alimentos frescos de buena calidad, cocinados de manera saludable y con una gran variedad de frutas y verduras? Parece el paraíso. Ese paraíso existe y se llama Creta.

Este verano he viajado a Creta. Esta preciosa isla ofrece ciertas estampas que creía extinguidas: playas vírgenes, ausencia de aglomeración turística, músicos a la orilla de los muelles, hospitalidad en cada esquina, un nuevo color azul del mar,… Pero lo más interesante para mí ha sido descubrir su forma de alimentación.

En 1948, la Fundación Rockefeller realizó un estudio para valorar los hábitos alimentarios de los cretenses. Se trataba de una alimentación casi sin modificar desde hacía 40 siglos, basada en aceitunas, aceite de oliva virgen extra, cereales, legumbres, frutas, verduras, plantas silvestres, carne de cabra, lácteos de cabra y pescado.

A pesar de los buenos resultados obtenidos con dicho estudio, el concepto “dieta mediterránea” surgió tras el trabajo del Dr. Acel Keys con el “estudio de los siete países”. En este trabajo se comparó la dieta de 7 países, Japón, Finlandia, Holanda, EUA, ex Yugoslavia, Italia y Grecia, y se observó menor incidencia de enfermedades cardiovasculares y mayor longevidad en poblaciones del Mediterráneo.

Al visitar la isla de Creta me he dado cuenta de lo lejos que estamos otros pueblos del Mediterráneo de esas buenas costumbres. Consumimos alimentos industrializados, usamos grasas de mala calidad y abusamos del azúcar. Vivimos también en el Mediterráneo, sí, pero nuestra alimentación es sólo un residuo de la tan aplaudida dieta.

Creta fue y sigue siendo la cuna de la dieta mediterránea como sinónimo de cocina saludable. Es un paraíso para los que nos ocupamos de nuestra alimentación. Durante los catorce días que viajé por la isla, no visité ni un solo restaurante en el que no se cocinara con aceite de oliva virgen. Todos ofrecían pescado fresco, multitud de verduras y plantas de hoja verde hervidas. En cada uno de esos establecimientos nos sirvieron fruta de postre gratuitamente.

Viajar y comer bien es compatible si elegimos un buen destino. Creta, sin duda, es muestra de ello. Os animo a seguir mejorando vuestra alimentación y a exigir comida “real” en los restaurantes. Tal vez así volvamos a las buenas costumbres. Aquí os dejo cinco ideas para conseguirlo:

  1. Menos refinados.
  2. Menos azúcar.
  3. Más grasas de calidad.
  4. Variedad de frutas y verduras.
  5. Proteína de calidad.

No podía dejar Creta sin apuntarme a un curso de cocina. Seguro que lo que aprendí servirá de inspiración para crear nuevas recetas que pronto compartiré con vosotros.

Estrella Alba

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POSTED BY Estrella Alba Troya | Mar, 19, 2016 |

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